17 November 2006
¿Y Montilla?: Desaparecido. Mis entrevistas
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La Vanguardia
  
 

Tags: Catalunya | Spain

Rosa d’abril, Morena de la serra, de Montserrat estel: il·lumineu la catalana terra, guieu-nos cap al Cel. ¡Quién me hubiera dicho hace sólo dos semanas que ésta, la primera estrofa del Virolai, sería uno de los protagonistas de la campaña electoral de Catalunya!

Cuando el director de La Vanguardia, José Antich, me pidió que realizara las entrevistas-diálogo a los cinco candidatos, me dijo que quería algo distinta porqué, según dijo, los lectores se aburrían con las mismas preguntas de siempre. Acepté y me propuse tres objetivos. Primero, averiguar el nivel de preparación de cada candidato: llevar un país es muy complicado y no está al alcance de cualquiera. Los votantes tienen el derecho a saber las calificaciones de cada uno. Segundo, quería hablar de su visión sobre diferentes aspectos de la vida, desde la religión hasta ecología pasando por economía, y quería relacionar esa visión con las propuestas electorales que estaban haciendo. Es decir, no quería tanto saber lo que proponían sino por qué creían que sus promesas solucionarían los problemas de nuestro país. Tercero, pensé que sería interesante examinar qué aspectos de los candidatos eran genuinos y qué aspectos eran fruto del marketing electoral. Me puse manos a la obra.

De Artur Mas me impresionó su determinación y su capacidad para encajar, por ejemplo al reconocer que no catalanizó su nombre hasta hace pocos años o que, cuando pactó el Estatut con Zapatero, buscaba una pequeña compensación en forma de foto. También me gustó su habilidad para escaparse de situaciones comprometidas sin perder coherencia. No me convenció su excesiva fe en la socialdemocracia como modelo. Transmite competencia, ambición y mucha seguridad.

Carod sigue siendo un gran seductor, como cuando me daba clases de catalán en el colegio. Me sorprendió positivamente la afirmación de estado cuanto menos mejor aunque sea catalán, toda una confesión de liberalismo que me encanta (de hecho, me pareció mucho más liberal que Artur Mas)… pero que no acaba de cuadrar con la política que ha desarrollado Esquerra desde el govern de la Generalitat.

Piqué confirmó ser una persona brillante y sobradamente preparada. Daba toda la impresión de que las posiciones de los dirigentes españoles de su partido le incomodan aunque él decía lo contrario. Defendió lúcidamente el liberalismo hasta que se vio obligado a razonar que Catalunya debía formar parte de España pero no lógica intelectual sino… por el orgullo de ser español.

Con Saura no coincidimos en nada (¡y eso seguramente es positivo de cara a sus votantes!). Me pareció honesto en sus creencias, con la lección bien aprendida y con respuestas de manual… pero inseguro y defensivo cuando las cosas salen del guión. Representa bien a una parte del electorado catalán, el que cree más en las intenciones que en los resultados, el que prefiere la certidumbre de la doctrina a la incertidumbre de la realidad.

A todos les hice preguntas punzantes, a todos les intenté buscar contradicciones filosóficas y a todos les cuestioné su preparación. Y todos ellos tuvieron cintura dialéctica y respondieron más o menos satisfactoriamente. Todos… menos Montilla.
Lo que nos devuelve al tema del Virolai: Sí. Le pregunté al candidato socialista si sabía la primera estrofa. Y no. No creo que el President de la Generalitat deba saber el Virolai. Lo que sí creo, sin embargo, es que cuando un candidato afirma ser más catalanista que los demás y se vanagloria de visitar Montserrat a menudo y de ser patrón de la Fundació Cassià Just (Pare Abat emérito de la Abadía de Montserrat) y lo hace cuando nunca se ha caracterizado por su exceso de catalanismo, uno sospecha de que se puede tratar de marketing electoral. Y yo, como entrevistador, me interesa averiguar si eso es genuino o es electoralista. Es por esto que, en el momento en que Montilla alardea de ser un gran conocedor de Montserrat, yo decido preguntarle si sabe la primera estrofa del Virolai.

De hecho esa es la misma razón por la que le pregunté sobre su fama de buen gestor: Como ministro de Industria, Comercio y Turismo, Montilla es responsable (o al menos co-responsable) de los desastres de las opas energéticas, del caos de El Prat, el monumental déficit comercial español, de la pérdida de competitividad empresarial española o de los índices de confianza empresarial sistemáticamente negativos. Y cuando la propaganda dice que uno es un buen gestor pero los datos indican lo contrario, el entrevistador tiene el derecho (diría incluso la obligación) de cuestionar la capacidad de gestión del candidato. Porque los votantes tienen el derecho (diría incluso la obligación) de saber si una persona que se postula para dirigir el país está preparada para ello o es un simple producto de marketing.

El resultado es conocido por todos ustedes: a diferencia de los otros cuatro candidatos, Montilla se levantó a mitad de la entrevista y abandonó el restaurante entre insultos y gritos cuando vio que las preguntas no eran de su agrado. Ahí se acabó todo.

Resumiendo, he entrevistado a cinco personas. Entre ellas está nuestro futuro President. Espero que mis conversaciones les hayan ayudado a ustedes, los votantes, a calibrar lo que piensan de cada uno de ellos. Por si les interesa, la imagen que me queda a mi es la siguiente: Mas: fuerza, impulso, ambición y autoconfianza. Carod: magnífico discurso que no se ha hecho realidad. Piqué: buen líder en un mal partido. Saura: representante típico de la izquierda típica. ¿Y Montilla? Desaparecido.

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