17 March 2004
No estaré en Nueva York
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La Vanguardia
  
 

Tags: International | United States

Estoy triste. Presencié los ataques del 11 de Septiembre del 2001 en directo en Nueva York. Viví las explosiones, las sirenas, los llantos y los gritos, el derrumbe de las torres y el aterrador silencio que lo siguió. Sufrí, lloré y tuve miedo. Mucho miedo. Pensé que el mundo se había vuelto loco. El 11 de Marzo del 2004, seguí los atentados de Madrid desde lejos, a través de la televisión, el teléfono, la radio e internet. A pesar de la distancia, sentí las explosiones, las sirenas los llantos y los gritos, y oí el silencio de la noche de Madrid. Volví a sufrir, volví a llorar y volví a tener miedo. Y ahora, pasados unos días, vuelvo a pensar que el mundo se ha vuelto loco. ¿Cómo puede haber personas que sean capaces de causar tanto sufrimiento a tantos ciudadanos inocentes con no se sabe qué objetivo? Una locura incomprensible.

Les decía que estoy triste. Por los atentados… y también por algunas de sus consecuencias. Me entristecieron los intentos del gobierno de España de esconder información antes de las elecciones. Mientras toda la prensa independiente e internacional señalaba la larga mano de Al Qaeda, el gobierno insistía en la pista de ETA porque pensó que con ello ganaría las elecciones. Quien manipula la verdad sobre algo tan grave, quien piensa en los resultados de unas meras elecciones cuando trozos de cadáveres todavía se apelotonan en el depósito esperando ser identificados, es mezquino, despreciable e indigno. Y el pueblo no se lo ha perdonado.

Al otro lado del espectro, me entristeció ver a políticos “anti-PP” intentando  manipular las mismas elecciones, dando por hechas cosas que todavía no se sabían, incitando a la gente a manifestarse el día de reflexión a través de cartas masivas enviadas por internet y hablando incluso de “golpe de estado informativo”. Su insensibilidad es tan grande como la de los que intentaron la manipulación en sentido contrario.

También me entristecen los políticos españoles (principalmente aunque no únicamente del PP) que se han pasado años acusando de terrorista a todo el que discrepaba con la postura oficial. Han trivializado tanto la palabra “terrorista”, que ya no saben distinguir entre asesinos y contrincantes políticos. Y tan grande ha llegado a ser su ceguera, su fanatismo y su estupidez, que mientras ellos dedicaban su vida a buscar terroristas en el PNV, en ERC y en la Generalitat, los criminales se pasearon por Madrid, colocaron bombas a su antojo y asesinaron a centenares de ciudadanos inocentes. Señores del PP: Ahora que ya ha pasado, ¿entienden la diferencia entre un terrorista y un adversario democrático?

Claro que también me entristecen los que, desde el otro lado y con la misma ligereza, llaman asesinos y terroristas a los miembros del Partido Popular. Muchos afirman que los atentados son la respuesta islámica a la participación de España en el conflicto de Irak. Yo no sé si eso es cierto. Lo que sí sé es que España está en el punto de mira de Al Qaeda desde antes del comienzo de la guerra. El propio Bin Laden apuntó a España por haber expulsado a los musulmanes de Al Andalus ¡hace más de quinientos años! Es más, si los atentados de Al Qaeda son meras respuestas a la participación en la guerra, que me expliquen los atentados contra la ONU en Bagdad (¿no figuraba que la ONU era la institución que se había opuesto al gran satán americano?) o los de Estambul (¿No impidió Turquía el paso del ejército de Estados Unidos justo antes de la invasión?). O que me explique alguien los atentados del 11 de Setiembre del 2001, un año y medio antes de que empezara el conflicto de Bagdad.

Quizá la participación de España en la guerra de Irak haya podido llevar a algunos terroristas a poner más énfasis en España. No digo que no. Pero que nadie se lleve a engaño y piense que retirando las tropas vamos a estar mucho más seguros. Y si el nuevo gobierno del Estado quiere retirarlas, que lo haga porque eso es lo mejor para el país y no porque así lo demandan los terroristas. Porque, digan lo que digan éstos (y ellos hablan de Irak, de defender a los pobres y de querer reducir las desigualdades entre ciudadanos del mundo), la verdadera razón por la que nos matan es que nos odian. Odian que seamos “infieles” y odian todos los logros sociales que hemos conseguido en los últimos siglos: la democracia liberal, la libertad de expresión, la separación iglesia-estado, la igualdad entre el hombre y la mujer, la tecnología y el bienestar material. Unos logros a los que no queremos ni podemos renunciar, y por los que no vamos a ceder ante ningún chantaje, por más sanguinario que sea. Los líderes civilizados de todo el mundo deben entender eso y deben dejar de pelearse entre ellos y unirse ante la amenaza común.

Y finalmente, me entristece que el día 11 de Marzo, los fundamentalistas consiguieron cambiar el resultado de unas elecciones democráticas. No. No lamento la derrota del PP. De hecho, me alegré de que el Aznarismo acabara siendo tragado por sus propias arenas movedizas de arrogancia e incompetencia, víctima del odio que había sembrado durante su mandato. Pero sí temo que, al ver su nueva “capacidad” de cambiar regímenes democráticos, los terroristas piensen que pueden influir en otros países en el futuro e intenten provocar terribles cadenas de atentados cada vez que hay una elección en alguna parte del planeta. Llámenme catastrofista. Pero yo, por si acaso, la semana del 2 de Noviembre (día de las elecciones Presidenciales en Estados Unidos), no estaré en Nueva York.

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