17 January 2004
... Ninguno de los Candidatos
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La Vanguardia
  
 

Tags: Catalunya | Spain

En la película de 1985 “Brewster’s Millions”, Richard Prior personificaba a un hombre pobre que, para poder heredar 300 millones de dólares, tenía que gastar 30 millones en 30 días. En su intento de despilfarrar esa montaña de dinero en tan pocos días, tuvo la brillante idea de formar un partido político y presentarse a las elecciones. Como en realidad no quería salir elegido, su formación se llamaba “no voten a ninguno de los candidatos”. La película contenía dos enseñanzas importantes. Primera, a menudo nadie se merece nuestro voto. Y segunda, los políticos son, casi con toda seguridad, la especie que más derrocha de todo el sistema solar.

Lo que me recuerda que pasado mañana empieza la carrera por la presidencia de los Estados Unidos, uno de los más espectaculares procesos de dilapidación monetaria que exhibe el hombre. En el campo demócrata, el favorito es Howard Dean, el único que se ha adaptado a la nueva realidad tecnológica: si John F. Kennedy fue el primero que supo explotar la televisión cuando predominaba la radio, Dean ha sabido llegar a millones de ciudadanos a través de Internet y ha recaudado más que todos sus contrincantes juntos. También le ayudan su populismo y su oposición a la guerra de Irak. Esa posición, que es mayoritaria en Europa y en el ala más izquierdista del partido demócrata, se considera “radical” en el conjunto de los Estados Unidos. Por eso, el mismo extremismo que ayudará a Dean a ganar las primarias de su partido puede hacer que pierda la elección presidencial.

Por el lado republicano, George Bush va a ser candidato sin oposición, a pesar de que ha sido un mal presidente. No. No lo digo por las constantes serenatas que se oyen en Europa sobre su rechazo al tratado de Kyoto, su oposición al Tribunal Penal Internacional o su participación en las guerras de Afganistán e Irak. La posición de Bush en esos temas no me parece del todo mal. El tratado de Kyoto comporta unas pérdidas económicas descomunales comparadas con las diminutas ganancias medioambientales. Según los propios expertos de la ONU (organización que defiende Kyoto a capa y espada), si no se hace nada, la temperatura global del planeta subirá unos 2,53 grados. Si se implementa el tratado de Kyoto, el aumento será de solamente 2,49. Una pírrica mejora que no justifica los 8.500 billones de dólares que va a costar el famoso tratado.

El rechazo al TPI tampoco me parece descabellado, al menos por el momento. El antiamericanismo visceral y quasi-xenófobo imperante en Europa y la falta de imparcialidad de determinados jueces embarcados en cruzadas políticas, hace que los norteamericanos sospechen (correctamente) que un tribunal internacional se dedicaría a perseguir a sus líderes sistemáticamente.

Por su parte, las guerras de Afganistán e Irak han tenido algunas consecuencias claramente negativas (todas las guerras las tienen), pero también las han tenido positivas. La caída de dos sanguinarios regímenes terroristas y dictatoriales es, como mínimo, bastante saludable. Está por ver si la paz, la democracia y la prosperidad acaban llegando a esos países. Sólo entonces podremos evaluar imparcialmente si la política de Bush ha sido buena o mala.

La razón por la que creo que Bush ha sido un mal presidente es que ha cedido sistemática y peligrosamente a la presión de ciertos lobbies, incumpliendo así muchas de sus promesas electorales. Entre otras medidas desastrosas están la subida de los aranceles sobre el acero, el aumento de los subsidios a agricultores y otros intereses creados y el incremento del gasto público no militar en un 8.5% (el aumento durante la época Clinton fue del 4.3%).

Los aranceles del acero perjudican a los productores europeos, coreanos y japoneses que en su día tuvieron la visión de invertir en mejoras tecnológicas y a millones de ciudadanos americanos a los que se obliga a comprar neveras o coches a precios más elevados. Gracias a Dios, la Organización Mundial del Comercio (esa institución apedreada por los grupos antiglobalización) obligó al gobierno de Bush a eliminar los aranceles hace un par de meses. Sobre los subsidios agrícolas, ¿cuántas veces he dicho desde estas páginas que son obscenos y muy perjudiciales para los países del tercer mundo y que deberían desaparecer en aras a la erradicación de la pobreza? El problema es que, cuando la OMC debía discutir la reducción de esos subsidios en Cancún, el presidente Bush se reencontró con la no inesperada ayuda de la Unión Europea (todavía más obscena en temas de proteccionismo agrícola) y juntitos bloquearon las reformas en perjuicio de los países pobres liderados por el Brasil de Lula da Silva.

Finalmente, el aumento del gasto público no se ha hecho mirando las necesidades del país sino buscando satisfacer a determinados grupos de presión con fines electorales. Por ejemplo, el reciente “medicamentazo” de 400.000 millones de dólares será especialmente bien visto por los jubilados de Florida, estado que, “casualmente”, fue la clave de las elecciones del 2000. El derroche de los políticos para conseguir votos no se confina a lo que gastan durante la campaña sino que incluye el dinero de los contribuyentes malgastado electoralistamente durante toda la legislatura.

Pasado mañana empieza la folklórica carrera hacia la Casa Blanca. El radicalismo de izquierdas de Howard Dean y el despilfarro y el incumplimiento de promesas por parte de George Bush hacen que en esas elecciones mi favorito sea, como en la película de Richard Prior,… “ninguno de los candidatos”.

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