09 January 2004
¡Nada a Cambio!
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La Vanguardia
  
 

Tags: Catalunya | Spain

Una amiga mía me “invitó” a celebrar el fin de año en su casa con unos colegas suyos de Castilla. Me propuso que entre ella y yo pagásemos los gastos dado que sus amigos eran relativamente pobres. Dijo que ella pondría 110 euros y yo 100. De ése dinero, ella cobró 80 euros (40 míos y 40 suyos) en concepto de alquiler de casa y gastos de organización y el resto los utilizó para comprar comida y bebida. “De esta manera”, dijo, “mi contribución neta a la fiesta es de 70 (=110-40) y la tuya de 60 (100-40): es decir, yo soy cuatro veces más generosa”.

Yo me quedé atónito porque primero, 70 no es cuatro veces 60. Y segundo, dado que ella se quedaba los 80 euros de gastos de alquiler y organización, la realidad era que yo acababa pagando 100 y ella solamente 30 (primero pagaba 110 pero luego recuperaba 80), por lo que el generoso había sido yo. Y pensé... “esta chica”, que se llama Esperanza y es de Madrid, “es muy agradable y simpática, y es una buena amiga... pero su fuerte no son ni las matemáticas ni la economía”.

Por eso cuando Pasqual Maragall utilizó esas mismas palabras para describir a la presidenta de la comunidad de Madrid me vino una sensación de “déjà vu”. No sólo por la coincidencia de nombres sino porque cuando Esperanza Aguirre afirmaba que Madrid es cuatro veces más solidaria que Catalunya, cometía los mismos errores que mi amiga. Me explico.

El déficit fiscal (o “solidaridad”) es la diferencia entre los impuestos pagados por los ciudadanos de una comunidad y lo que reciben a cambio en concepto de servicios, transferencias e inversiones y se puede calcular de dos maneras. La primera, llamada “enfoque del beneficio”, tiene en cuenta que los gastos de administración deben ser pagados por todos los ciudadanos por lo que éstos se asignan a Catalunya en proporción a su población... aunque se ejecuten en Madrid. Un estudio reciente de Ezequiel Uriel estima que, calculado así, el déficit anual de Madrid entre 1991 y 1996, fue de 213.956 pesetas por habitante y el de Catalunya de 65.926. Otro estudio de Antoni Castells y coautores estima que, para el periodo 1991-1994, el déficit era de 204.217 pesetas por habitante en Madrid y 139.422 en Catalunya. Noten que en ningún caso sale que el déficit de Madrid sea cuatro veces superior por lo que, o doña Esperanza exagera o Maragall tiene razón cuando dice que las matemáticas no son su fuerte.

El problema es que Madrid es la capital de España. Entre otras cosas, eso quiere decir que una parte importante de los gastos de administración del Estado (como salarios de ministros y funcionarios, gastos de electricidad, agua, gas, obras en los ministerios, etc) se realizan allí. Es verdad que todos los ciudadanos deben contribuir a pagar esos gastos, pero también es cierto que éstos benefician casi exclusivamente a las empresas y ciudadanos de la capital. Al fin y al cabo, los funcionarios y los ministros gastan sus salarios en restaurantes de Madrid, van al cine y al teatro en Madrid y se compran ropa, electrodomésticos y comida en tiendas de Madrid. Por eso la segunda manera de calcular el déficit, llamada el “enfoque monetario”, asigna a la capital el gasto que allí se hace. Estimado así, la cosa cambia radicalmente. Según el estudio de Castells, (el de Uriel no lo calcula de esta segunda manera), el déficit de Madrid es solamente de 49.330 pesetas por habitante mientras que el de Catalunya asciende a las 172.677. Es decir, la presidenta de Madrid se puede autoproclamar la más solidaria del estado, pero cuando lo hace no explica que su comunidad es la que administra esa solidaridad y, por lo tanto, se beneficia del tinglado: ¡lo que gasta en solidaridad lo recupera en “gastos de administración” de la misma manera que mi amiga recuperaba su “generosidad” a base de cobrar el alquiler de la fiesta! En este sentido, Pasqual Maragall vuelve a tener razón cuando dice que la economía no es el fuerte de Esperanza Aguirre (antes de sacar pecho, sin embargo, Maragall debería recordar que los datos que se manejan –y que son los últimos disponibles- se refieren a la primera mitad de los noventa. Es decir, de cuando su partido, el PSOE, gobernaba en España).

La lección principal es que no se pueden o deben comparar los déficits fiscales de las autonomías con los de Madrid porque la capitalidad del estado comporta unos beneficios económicos que no tienen el resto de las comunidades. La pregunta es si el déficit de Catalunya es “demasiado grande”. La respuesta es: ¿en relación a qué? Algunos lo comparan con lo que pasa en Europa. El resultado es que Catalunya paga mucho más que regiones europeas del mismo nivel económico. Yo prefiero compararlo con el número cero. Es decir, cualquier déficit positivo es malo para Catalunya. La razón es que, según el diccionario, “solidaridad es la inclinación a sentirse unido a la causa de otros grupos y a la cooperación con ellos”. A mí, quizá porque soy un iluso, me gustaría que España defendiera nuestra lengua en los foros internacionales, no boicoteara nuestra cultura, lengua o señales de identidad como las matrículas o las selecciones deportivas. Si las comunidades más pobres del Estado contribuyeran a “nuestra causa” cooperando cuando se refiere a nuestras aspiraciones sociales, culturales, identitarias o lingüísticas, yo contribuiría a gusto con mi dinero. Pero hasta que eso no suceda, el déficit fiscal debería ser... cero. Porque es muy fácil, doña Esperanza, ser solidario cuando uno gana dinero con ello y, encima, no da nada a cambio.

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