17 November 2002
Algo mejor
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La Vanguardia
  
 

Tags: Catalunya | International

El socialismo europeo se ha quedado sin talento y hace mucho que no tiene una idea original, factible e inteligente que no sea el consabido “aumento del gasto social”. La consecuencia es la pérdida de votos en todo el continente. Esa falta de ideas se nota también en el PSC de Pasqual Maragall y Joaquim Nadal, cuya estrategia parece ser la de “llegar al poder al precio que sea” incluso si, para conseguirlo, uno debe ejercer un cinismo casi patológico.

Por ejemplo, si para volver al poder, uno se tiene que poner del lado de los que se manifiestan en contra de los presidentes de la “Europa del Capital”, se hace y punto. No importa que esos dignatarios hayan sido invitados por el alcalde de Barcelona, el también socialista Joan Clos. Tampoco importa que esa “Europa del Capital” haya sido construida, también, por los socialistas europeos. ¡Todo vale cuando hay que arañar unos votos!

Si para volver al poder, deben acusar a Jordi Pujol de engañar a los electores por dejar que Artur Mas tome decisiones de gobierno, se hace y punto. No importa que tanto Maragall como Nadal desertaran la alcaldía a mitad de legislatura con el único objetivo de asegurar la reelección de su sucesor (si, ya sé que dirán que siempre se les critica por lo mismo... pero todavía es hora que alguien explique por qué abandonaron sus cargos si no es para manipular los resultados electorales).

Si para volver a mandar, uno debe prometer que un hipotético gobierno del PSOE abrazará un ambiguo federalismo, se promete y punto. No importa que, cuando tuvo mayoría absoluta, el rodillo socialista intentara exterminar el pequeño grado de autogobierno que el Estatut otorgaba a Catalunya a través de aquel engendro llamado LOAPA. Confiar en las promesas de cambio actitud del PSOE es como confiar en el voto de abstinencia del alcohólico.

Si para volver al poder, uno debe criticar todo lo que hace el Govern, pues se hace y punto. No importa si lo que se está criticando es bueno para el país. El otro día escuché a Nadal en Catalunya Ràdio atacar a Artur Mas a raíz de su viaje Polonia para abrir una oficina de inmigración. No aportó ningún argumento coherente e incluso llegó a acusar a Mas de perder el tiempo con cosas “poco importantes” en lugar de arreglar las guarderías. La verdad, sin embargo, es que las encuestas dicen que la inmigración es una de las prioridades de la ciudadanía y que la iniciativa de Artur Mas es una atractiva opción que debe ser considerada. Pero no, los socialistas sólo atacan aunque sus críticas vayan en contra de lo que interesa al ciudadano.

¿Pero qué quiere el ciudadano? Pues algo simple: ideas que solucionen sus problemas cotidianos. Y en eso, Artur Mas les está ganando la partida. Por primera vez en muchos años, parece que en Catalunya alguien piensa con imaginación. En su discurso “Catalunya Sense Límits”, Mas hace propuestas interesantes a los problemas económicos, culturales y sociales relacionados con la globalización, la integración de nuestro país en el mundo, con la  emigración, con la familia, la educación y el trabajo, con las infraestructuras y la innovación. Plantea reformas que hagan de Catalunya un país más dinámico, creativo y emprendedor, comprometido con la tolerancia y la diversidad. Para conseguirlo, propone un nuevo Estatut que permita tomar decisiones sin necesidad de pedir permiso constantemente a las autoridades españolas.

La reacción del PSC ha sido la de desacreditar, menospreciar y, ¿cómo no?,  pedir elecciones anticipadas. No sé porque se niegan a discutir ideas, pero se me ocurren dos razones. La primera es que han decidido adoptar la táctica de acoso y derribo que el PP utilizó en su día para cargarse a Felipe González, aunque eso cree una crispación perjudicial para el país. Si es así, me parece preocupante que un partido que aspira a gobernar en Catalunya ponga más énfasis en destruir que en construir. La segunda es que las ansias enfermizas de volver al poder han llevado a Pasqual Maragall y Joaquim Nadal a perder la noción de la realidad. Parecen cabalgar perdidos, como Don Quijote y Sancho Panza, sin rumbo concreto, luchando contra gigantes imaginarios para conquistar a la Dulcinea de la Plaça de Sant Jaume. No se han enterado de que los electores empezamos a estar hartos de políticos que sólo descalifican y acusan cínicamente a los demás de hacer lo que ellos mismos han hecho, de personajes que se contradicen periódicamente sin proponer nada nuevo y de señores de sonrisa blanca que basan su estrategia en un supuesto carisma. Empezamos a estar hasta el gorro de farsas, de gobiernos en la sombra, de presuntos “cambios” hacia no se sabe dónde y de loros que repiten la frase “el govern ha perdut els papers” cada vez que el amo les echa lechuguillas.

No digo que Mas tenga todas las soluciones ni que todas sus propuestas sean aceptables (no lo son). Pero sus ideas merecen ser discutidas y analizadas, y los ataques despectivos del PSC demuestran una actitud de filibusterismo político propia del pasado, no del futuro. Y porque los electores queremos soluciones imaginativas a nuestros problemas, cuanto más tiempo tenga Artur Mas de comunicar sus proyectos, más adeptos va a ganar. Por eso los “ingeniosos hidalgos” de ese PSC sin norte, montados en sus rocinantes intelectuales, tienen tanta prisa por insultar, desmerecer y pedir diariamente la convocatoria inmediata de elecciones. Todas esas maniobras son legítimas... pero provocan tristeza. Los ciudadanos de Catalunya merecemos algo mejor.

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