05 November 2002
Vive la Vida Loca
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La Vanguardia
  
 

Hace tres veranos, Ricky Martin nos agobiaba con “un pasito p’alante, María, un pasito p’atrás”. Da la impresión que el castigo fue menos severo que el que nos han impuesto este verano las tomatitas del “Aserejé”, pero también es cierto que el tiempo relativiza incluso las torturas más dolorosas. En cualquier caso, les pido que modifiquen la canción de Ricky y hagan “tres pasitos p’adelante y un pasito p’atrás”. De hecho, háganlo cien veces seguidas y pregúntense dónde se encuentran con respecto al punto de partida. A pesar de que verán que han adelantado 200 pasos, algunos analistas llegarán a la conclusión de que han retrocedido 100. ¿Por qué? ¡Pues porque a esos sagaces observadores les gusta o les interesa ignorar sistemáticamente los pasitos p’alante y sólo contabilizan los pasitos p’atrás!

Si, ya sé que es absurdo, pero eso es exactamente lo que hacen los críticos de las multinacionales cuando acusan a empresas como Lear o Volkswagen de llevarse “nuestros” puestos de trabajo a la Europa del Este: “por culpa de las multinacionales”, apuntan, “se han perdido 2.000 empleos”. Y claro, si “por culpa de las multinacionales se pierde ocupación”, debemos exigir que “gobierno evite que éstas se muevan libremente atendiendo sólo a criterios de rentabilidad”.

Es cierto que las empresas atienden criterios de rentabilidad...y es bueno que así sea porque, de lo contrario, quiebran y entonces no se pierden cientos sino miles de empleos por todo el mundo.

También es cierto que, cuando una empresa se va a la Europa del Este, Catalunya pierde puestos de trabajo. Naturalmente, eso es malo para nosotros, aunque no es necesariamente malo desde el punto de vista global: al fin y al cabo, debemos tener en cuenta lo felices que son los trabajadores eslovacos o polacos –no nosotros sino los polacos de verdad- con sus nuevos empleos. Curiosamente, la gente que ahora se queja de Bratislava nos “roba” puestos de trabajo, no se quejaron cuando nosotros “robamos” los mismos empleos a los trabajadores americanos hace un par de décadas.

Lo que ya no es cierto es que “se pierden puestos de trabajo por culpa de las multinacionales”. De hecho, eso sólo es verdad si se ignoran los empleos que éstas crean cuando vienen. Entre ellos, los que creó Lear cuando vino hace veinte años, los que no se destruyeron cuando Volkswagen evitó que SEAT cerrara por culpa de sus monstruosas pérdidas o los que creará Nissan en Barcelona con la inversión de los 240 millones de euros anunciados esta misma semana. ¡Ignorar los empleos que generan las multinacionales cuando vienen y fijarse solamente en los que se pierden cuando se van es tan ridículo como ignorar los pasitos p’alante y fijarse solamente en los pasitos p‘atrás! La verdad es que, cuando se tienen en cuenta los pros y los contras, se llega a la conclusión de que la apertura al exterior es buena, que las inversiones extranjeras son positivas y que las ingerencias políticas que intenten restringir la movilidad acaban siendo perjudiciales.

Pero, ¿no es injusto que las multinacionales se vayan cuando el gobierno les dio facilidades fiscales para atraerlas? La verdad es que sí, pero la culpa de esa injusticia la tiene el gobierno –ya sea el de la Generalitat o el del reino de España- por meterse donde no le llaman. Nuestras autoridades no deberían subsidiar o incentivar fiscalmente a las multinacionales porque no hay manera de garantizar que, una vez hechas las concesiones, éstas se vayan a quedar. Es más, cuando el gobierno regala millones de euros a una empresa, ésta se acostumbra a vivir del subsidio y, como se sabe importante, cada tres años amenaza con irse con el único objetivo de extraer más dinero del erario público. El chantaje se agranda hasta que, siendo fiscalmente insoportable, el gobierno deja de pagar y la empresa acaba yéndose igualmente, dejando a los responsables políticos con cara de bobo. Como dice la canción de LeAnn Rimes, “If you fool me once, shame on you; if you fool me twice, shame on me” (si me engañas una vez, deberías avergonzarte; si me engañas dos, debería avergonzarme yo).

A eso hay que añadir que los puestos de trabajo que se pierden en beneficio de países con salarios bajos pagan, por definición,... ¡salarios bajos! Cuando nuestra economía era subdesarrollada, esos puestos eran bienvenidos. Pero ahora ya no somos pobres y nuestro objetivo es otro: ¡ahora queremos salarios elevados! Y para conseguirlo el gobierno debe hacer dos cosas. La primera y más urgente, es ayudar a los trabajadores despedidos por la multinacional a sobrevivir, a reciclarse y a encontrar empleo en otras empresas. La segunda es asegurarse que en nuestro país existe un entorno empresarial adecuado, infraestructuras potentes, servicios competitivos, tecnología moderna y actualizada y trabajadores altamente cualificados, cosa que se consigue con un sistema educativo moderno, flexible e integrado en la sociedad. Todo eso es mucho más beneficioso que el puñado de empleos poco remunerados que podamos mantener con subsidios públicos.

En lugar de todo esto, ¿qué hacen nuestras autoridades? El otro gran hit de Ricky Martin vuelve a ser sugestivo: “Te besa y te desnuda con su baile demencial, tú cierras los ojitos y te dejas arrastrar. Se fue a New York City, a la torre de un hotel, te ha robado la cartera, se ha llevado hasta tu piel”. En otras palabras, mientras nosotros seguimos pagando impuestos, el gobierno baila con las multinacionales chantajistas, se baja los pantalones... y “vive la vida loca”.

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