29 May 2002
Catastrofismos injustificados
Mass media - Articles XSM
La Vanguardia
  
 

"El dramático avance de la globalización neoliberal durante los últimos veinte años, ha venido acompañado de un explosivo aumento de las desigualdades y de la pobreza en el mundo". Esta afirmación ha sido extraída de una de las editoriales de Igancio Ramonet, pero ha sido repetida hasta la saciedad por expertos de la antiglobalización como Noam Chomsky, Bernard Cassen, Naomi Klein, Pepa Roma, Arcadi Oliveres o Joaquín Estefanía o por instituciones como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Confieso que, de tanto oírla, incluso yo llegué a creérmela hasta que llegó el día que decidí investigar los datos por mí mismo. El resultado son dos artículos (llamados "The disturbing 'Rise' of World Income Inequality" y "The World Distribution of Income" que los lectores pueden encontrar en mi página web (www.columbia.edu/~xs23).

Lo primero que uno ve cuando analiza los datos aportados por los críticos de la globalización es que contienen errores importantes. Por ejemplo, nos dicen cosas como que "la riqueza combinada de las 358 personas más ricas del mundo es más grande que la renta de los 2.000 millones más pobres del planeta". Cualquier estudiante de primero de económicas sabe que esta afirmación carece de sentido ya que se compara el "stock" de riqueza acumulada de Bill Gates (que es de 60.000 millones de dólares) con los "flujos" salariales de los ciudadanos más pobres del mundo. Note el lector que si se comparara la renta de Gates (que no es de 60.000 millones anuales sino mucho menos) con la renta de los más pobres, los números no saldrían tan exagerados.

Otro ejemplo: según el PNUD, "en 1960, el 20% de la población mundial más rica ganaba 30 veces más que el 20% más pobre. En 1990, el ratio era de 60". Si uno analiza los datos utilizados por esa respetable institución, ve que las datos utilizados no tienen en cuenta que los productos de consumo son mucho más baratos en los países pobres. Una vez se ajustan los datos por las diferencias de poder adquisitivo, la relación de la renta del 20% de la población más rica entre el 20% más pobre no solo no "explota" sino que se queda constante, e incluso baja entre 1980 y 1998.

Lo segundo que uno ve es que los datos aportados por los críticos no son completos. Demuestran que la pobreza en África ha aumentado, y eso es cierto. Demuestran que las desigualdades en China han subido después de la liberalización de 1978, y eso es cierto. Demuestran que las diferencias de renta per capita entre Estados Unidos y el Congo han subido, y eso es cierto. Finalmente, se toman esos trozos de evidencia inconexos y se llega a la conclusión de que tanto las desigualdades como la pobreza han aumentado de manera intolerable.

El problema es que esa conclusión confunde las partes con el todo. Me explico: es cierto que las desigualdades entre los chinos suben cuando se introduce el mercado en ese país. Pero también es cierto que el proceso de crecimiento ha acercado las rentas de 1.200 millones de personas a las de los ciudadanos ricos de la OCDE. Y eso ha reducido las desigualdades entre chinos y occidentales (curiosamente, este aspecto es ignorado sistemáticamente por los antisistema). Para hacerlo bien, se deben tener en cuenta todos estos factores a la vez, y eso es lo que se intenta hacer en los dos trabajos mencionados arriba. Las conclusiones a las que se llega son las siguientes:

Primero, tomando la definición original de umbral de pobreza (menos de un dólar al día), se estima que el número de pobres pasó de 554 millones de personas en 1970 (el 17,2% de la población mundial) a 352 millones en 1998 (el 6,7%). Es decir, hay cerca de 200 millones de pobres menos ahora que en 1970. Si se prefiere definir como pobre aquella persona que gana menos de dos dólares al día, entonces se ha pasado de 1.324 millones de ciudadanos en 1970 (41% de la población) a 974 millones (18,6%): más de 350 millones de ciudadanos han dejado de ser pobres en los últimos 30 años.

Segundo, estas reducciones de pobreza ocurrieron, sobre todo, en las décadas de los ochenta y los noventa, las que Igancio Ramonet llama "décadas de la globalización neoliberal": el número personas con menos de un dólar al día bajó en 161 millones a partir de 1980 y el de dos dólares se redujo en 380 millones durante las dos décadas neoliberales (el número de pobres de dos dólares había aumentado en 29 millones de ciudadanos durante los años 70...antes de la globalización neoliberal).

Tercero, el continente de más éxito a la hora de reducir pobreza ha sido el asiático, donde los índices de pobreza pasaron del 22,4% en 1970 al 1,7% en 1998: una reducción en el número de pobres de más de 368 millones de personas. Naturalmente, China es el país que más contribuyó (sobre todo desde que abrió su economía a las fuerzas del mercado), pero no hay que olvidar el progreso experimentado por India, Indonesia, Pakistán, Bangladesh, Filipinas, Malasia, Tailandia y los países más pequeños del continente.

Cuarto, y ésas son las malas noticias, el continente africano no levanta cabeza: los índices de pobreza pasaron del 22% en 1970 al 40,5% en 1998 y el número de pobres ha aumentado en casi 175 millones. Los países que más aumentaron fueron Nigeria (51 millones), Congo (antiguo Zaire, 50 millones) y Etiopia (20 millones). La principal explicación son las tasas de crecimiento negativas de casi todos los países subsaharianos durante los últimos treinta años y las guerras.

Quinto, las desigualdades de renta en el mundo aumentaron levemente entre 1970 y 1980, pero se redujeron de manera substancial entre 1980 y 1998. El mundo es menos desigual hoy que en 1970. Esto es cierto independientemente del índice de desigualdad que se considere. En mi estudio se consideran nueve índices distintos (incluido el popular coeficiente gini) y todos muestran la misma tendencia. Es interesante señalar que las desigualdades se han reducido, precisamente, durante las dos décadas de la globalización neoliberal.

Sexto, las desigualdades globales de renta se pueden descomponer entre las que existen "dentro" de los países y "entre" países. Las desigualdades internas han subido, sobre todo gracias a los aumentos ocurridos en China, Estados Unidos y Brasil. A pesar de esto, las desigualdades globales se han reducido gracias a la extraordinaria mejora de las disparidades entre países. Esta reducción es, en gran medida, consecuencia del crecimiento experimentado por las rentas de los 1.200 millones de chinos y los 1.000 millones de indios, que han recortado diferencias con los ciudadanos ricos de la OCDE.

En resumen, nuestro mundo no es perfecto, pero va mejorando: cada día hay menos pobres y las desigualdades de renta son cada vez menores. El mayor problema real al que nos enfrentamos es el del deplorable estado del continente africano: sólo conseguiremos eliminar la pobreza absoluta del mundo cuando mejore África.

Se puede conseguir. Al fin y al cabo, la pobreza de África se parecía bastante a la de Asia hace solo 40 años. Fue gracias al crecimiento económico de los países del este que la pobreza se redujo a espectacularmente, y lo mismo debe pasar en el continente negro. Ahora bien, cuando busquemos estrategias de crecimiento, recordemos que el milagro asiático no se alcanzó gracias a la tasa Tobin, a la renta básica, a las limosnas del 0,7%, a la condonación de la deuda o a las reformas "democratizadoras" del FMI. Se consiguió gracias a que esos países introdujeron mercados, los liberalizaron y los abrieron a las fuerzas de la globalización. Y eso es lo que debemos conseguir para África. Sabemos cuál es el problema y conocemos la solución. Lo que debemos hacer es intentar aplicarla y dejarnos de catastrofismos injustificados.

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