17 February 2002
Cavernícolas
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La Vanguardia
  
 

Tags: Spain

La ley de “déficit cero” que el PP quiere imponer a las comunidades autónomas es una farsa contable que debe desaparecer. Me explico. Imaginemos que los impuestos recaudados por Madrid en Catalunya se elevan a 100. De éstos, se destinan 20 a los gastos generales del estado o, como dirían los vascos, “cuota de Españolidad” (salarios de ministros, militares, etc.) y 10 al gasto directo que el gobierno central realiza en Catalunya (como la red nacional de carreteras). Del resto, 40 son devueltos a la Generalitat. Pues bien, la ley de déficit cero obligaría a la Generalitat a no gastar más que estas 40. El problema es que 20+10+40 suman 70, mientras que los catalanes han pagado 100. ¿Dónde ha ido a parar el 30% que falta? Pues a otras regiones como, por ejemplo, Castilla-León.

Vayamos, pues, a Castilla e imaginemos que allí también se recauda 100, también se usan 20 para la cuota y también son 40 los que van al gobierno autónomo. El truco está en que el gasto directo del gobierno central en Castilla no es de 10 como en Catalunya sino de 70. Total: 20+40+70=130. Si el gobierno de Castilla-León equilibra el presupuesto y gasta los 40 asignados, cumplirá la ley del déficit cero... pero verán ustedes que eso es gracias a que Aznar les ha regalado – en forma de gasto directo de Madrid en Castilla y fuera del presupuesto autonómico– los 30 que antes había sacado de Catalunya. ¡Una argucia contable digna de directivo de Enron!

Entiendo que al PP no le guste que las autonomías vivan por encima de sus posibilidades. Ahora bien, cuando una región como Castilla-León recauda 100 y gasta 130, ¿no está viviendo por encima de sus posibilidades? ¿No deberían tanto ésta como Catalunya gastar lo que recaudan una vez descontadas las 20 de “cuota de españolidad”, es decir, 80? Tal como se plantea, la ley es una patraña que no impone un déficit cero para todos, sino que discrimina a Catalunya al obligarla a mantener un superávit de 30 para financiar el déficit camuflado del gobierno castellano. Lo más justo sería que cada comunidad pagase su cuota de los gastos generales y, a partir de aquí, administrara ingresos y gastos equilibrando el presupuesto. Como si todas tuvieran... ¡el concierto económico vasco!

Y antes de que me acusen de insolidario, déjenme recalcar que lo que está ocurriendo en España no tiene nada que ver con la “solidaridad”. Y si no, que me expliquen los datos publicados por FUNCAS: en el año 2000, la producción por persona de Castilla-León rayaba el 92% de la media española, mientras que la de Catalunya llegaba al 122%. Solidaridad querría decir que los catalanes dan una parte de lo que ganaron a los castellanos para que la renta per cápita disponible fuera un poco menos desigual, digamos, 96 y 116% respectivamente. En realidad, una vez pagados los impuestos y hechas las transferencias, la renta disponible castellano-leonesa era del 109% y la catalana del 104% de la media española. Es decir, a pesar de que, a través de su trabajo, cada catalán produjo un 30% más que cada castellano-leonés, su renta acabó siendo un 5% inferior gracias a la redistribución hecha desde Madrid. Usted juzga: ¿solidaridad o favoritismo descarado para con la comunidad de la que procede el mismísimo José María Aznar? ¿Ese es el respeto y la tolerancia que predica el “patriotismo constitucional”?

Claro que, como muestra de respeto, el discurso del otro día en el que Aznar calificaba a los nacionalistas de “cavernícolas”. La verdad es que, cuando pronunció esa palabra, me vino a la memoria su rostro desconcertado, caricaturescamente perdido, al ser entrevistado por Larry King en la CNN hace un par de meses: no sólo fue incapaz de pronunciar una sola palabra en inglés -lo que hace que un presidente de gobierno en el siglo XXI parezca vergonzosamente antediluviano- sino que ni siquiera pudo articular frases coherentes en español. Larry King, viendo que estaba ante uno de los ridículos más espantosos de la historia de la televisión e intuyendo una caída en picado de la audiencia, se sacó de encima a don José María tras sólo cuatro minutos de bochornosa entrevista. Viniendo de él, ¡eso de “cavernícola” incluso tiene aires de modernidad!

Hablando de cavernas, dicen que un niño del paleolítico volvía a la suya con las notas del colegio, y al ver que lo había suspendido todo, su padre gritó: “que suspendas pintura rupestre, caza y recolección, vale porque son asignaturas complicadas. ¡Pero que suspendas historia, cuando sólo se han escrito dos páginas...!”

A pesar de que, estrictamente hablando, no se había escrito ninguna página porque todavía no se había inventado la escritura, el padre demostró tener mucha más perspectiva histórica de la que tienen los que creen que España es una verdad eterna y que el universo empieza y acaba en la península ibérica. El troglodita (me refiero al padre) entendió que la realidad en la que él vivía acabaría ocupando unas meras dos paginas de la historia. Es más, entendió que la mayor parte del libro está por escribir.

Llegará un día en que los ciudadanos podremos decidir con nuestros votos el país al que queremos pertenecer. Y si los pontífices del fundamentalismo españolista siguen despreciando a insultando a las nacionalidades del estado y siguen imponiendo políticas descaradamente discriminadoras, conseguirán que muchos dejen de querer formar parte de ese país. Llegado ese momento, España se extinguirá como el hombre de cro-magnon dejando escritas sólo dos páginas... las mismas que los cavernícolas.

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