17 January 2002
Liberalismo Patriótico
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La Vanguardia
  
 

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Dicen que la economía Argentina solamente funciona de noche ... que es cuando duermen los políticos. ¿Exageración?. Quizás. Pero la verdad es que, si hay un ejemplo de una economía que sufre por culpa de sus prodigiosamente ineptos gobernantes, es el de Argentina.

Se comenta que los recientes problemas empezaron con la fijación de la paridad del peso con el dólar, que no ha permitido mantener una política monetaria propia. Me explico: cuando la recesión empezó en 1996, el gobierno no pudo reducir los tipos de interés, cosa que hubiera ayudado a salir de la crisis al abaratar el crédito a consumidores y empresas. Y no lo pudo hacer porque sus tipos de interés estaban ligados al dólar. Pero, ¿recuerdan por qué estaban ligados? Pues porque, durante décadas, el gobierno se había hartado de imprimir dinero para satisfacer su voracidad malversadora. Y claro, cuando en una economía hay dos cerdos y 200 pesos, cada cerdo cuesta 100 pesos, pero cuando hay dos cerdos y 2.000.000 de pesos, cada cerdo cuesta un millón de pesos. Es decir, cuando el gobierno imprime dinero, suben los precios y empieza la hiperinflación. Para frenarla, hay que quitarle al gobierno la máquina de imprimir dinero. Una manera de hacerlo es con una ley de convertibilidad como la que adoptó Argentina en 1991. Una ley que sólo le dejaba imprimir un peso cada vez que entraba un dólar: un dólar, un peso y se acaba la inflación.

El problema es que, cuando uno no puede utilizar la política monetaria porque no tiene moneda propia -o la tiene ligada al dólar, que es lo mismo-, debe tener una hábil política fiscal. Para ello, el gobierno necesita tener recursos. ¿De dónde salen? Pues de los impuestos, de la austeridad administrativa, de la venta de empresas públicas o del crédito. Y aquí es donde vuelve a sacar la cabeza la grotesca ineptitud peronista: primero, el dinero de las privatizaciones no se ahorró para cuando vinieran las vacas flacas, sino que se despilfarró o desapareció en los profundos bolsillos de políticos espabilados. Segundo, el gobierno no hizo nada para reducir y ahorrar el vasto gasto administrativo. Los salarios de los legisladores de los cerca de 40 parlamentos argentinos siguen siendo exorbitantes. Y el número de políticos pobres que llegaron a ser ricos después de pasar por el poder es asombroso. Tercero, el gobierno no ha impedido que el segundo deporte nacional después del fútbol sea ya, oficialmente, la evasión fiscal. Algunos expertos dicen que la deuda pública "no es tan grande" o que incluso "es menor que la de algunos países europeos", y tienen parte de razón. El problema es que los impuestos recaudados en Europa se acercan al 50% del PIB. En Argentina solamente se recauda el 15%. El resto se evade. Y claro, tener una deuda de 50 cuando recaudas 50 es una cosa. Pero tener una deuda de 50 cuando recaudas 15 es otra. La gente a la que uno le pide dinero lo sabe y por eso le ponen unos intereses con colosales primas de riesgo que le impide pedir prestado. Eso es lo que le ha pasado a Argentina.

Para acabar de redondear la cosa, hace un par de meses se introdujeron medidas tan "inteligentes" como la de impedir que la gente pudiera ir al banco a sacar su propio dinero -el famoso "corralito"- y se lo van a devolver completamente devaluado. Notará el lector que eso equivale a expropiar, a robar, el dinero de unos ciudadanos inocentes y de unos bancos que van a tener que cerrar. Nada mejor para incendiar los ánimos de una población que está hasta el gorro de que sus políticos se comporten como cuatreros incompetentes. Resultado: caos y caceroladas.

El colapso argentino ofrece dos interesantes lecciones para España. La primera es que, con la introducción del euro, España ha perdido la capacidad de mantener una política monetaria propia. Igual que Argentina en 1991. A pesar de ello, es curioso ver que los mismos sagaces observadores que tanto critican la dolarización de las economías latinoamericanas, son fervientes defensores de la moneda única europea. El peligro de virulentas crisis como la vivida en el país del tango es real y las economías de la periferia de Europa, con su reluciente y nueva eurocamisa-de-fuerza monetaria, deberían tomar buena nota de ello. No fuera que el euro desapareciera, como la convertibilidad del peso, con la primera gran recesión.

La segunda lección es que los negocios son actividades arriesgadas. Eso quiere decir que cuando las cosas van bien, uno gana mucho dinero, pero cuando van mal, uno lo pierde. Y es bueno que así sea. La implicación es que el gobierno de España no debería ayudar financieramente -ni con subvenciones ni con exenciones fiscales- a las empresas con problemas derivados de la crisis Argentina. Cuando éstas decidieron invertir allí, sabían que existía un riesgo. Lo asumieron, y por eso ganaron tanto dinero durante años. Ahora que las cosas van mal, deben pagar por ello. Esa es la naturaleza del mercado. Lo que no puede ser es que cuando sale cara, ganen el BBVA, el BSCH y Repsol y cuando sale cruz, pague el contribuyente. Porque si las empresas saben que nunca pueden perder, entonces asumen demasiados riesgos y las cosas acaban mal.

El gobierno del PP se autoproclama liberal. Sus opositores, en cambio, lo acusan de no favorecer el libre mercado sino a sus poderosos amiguitos y a su delirante anhelo de reconquistar América. Supongo que ahora veremos quien tiene razón. Claro que, para salir del paso, a lo mejor le encargan a Piqué que se invente algo llamado "liberalismo patriótico".

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