17 December 2000
El legítimo Presidente
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La Vanguardia
  
 

Tags: International | United States

Tras cinco semanas de suspense, la decisión está tomada: George W. Bush será el 43 presidente de los Estados Unidos. No era el candidato al que yo hubiera votado, pero es quien ha ganado las elecciones.

Aunque normalmente limito mi opinión escrita a temas de economía, hoy he decidido escribir sobre las elecciones estadounidenses, decepcionado por algunas columnas de opinión publicadas en diversos medios españoles donde se tilda a Bush de ser un presidente ilegítimo y a su victoria de fraudulenta, al haber conseguido menos votos populares que Al Gore y al alcanzar su victoria tras una decisión del Tribunal Supremo.

Decir que Bush no es el legítimo presidente porque obtuvo menos votos que Gore es poco democrático. Uno de los principios fundamentales de una democracia es el aceptar los resultados según las reglas de juego existentes el día de las elecciones. Y las reglas eran las siguientes: los ciudadanos de cada estado no votaron directamente al presidente sino a unos “representantes” que, a su vez, elegirán al presidente. Bush obtuvo la mayoría absoluta de representantes.

El problema es que el número de representantes no es proporcional a la población, sino que los estados más pequeños tienen una mayor representación. Esta regla es un intento de proteger a las minorías contra el abuso político de las mayorías, lo cual es necesario en todo estado federal donde cada uno de los territorios tiene identidad propia. Se ha dado el caso que Gore ha ganado en los estados grandes y Bush ha ganado en los estados pequeños, y eso le ha dado la victoria final, a pesar de haber obtenido menos votos populares. Bush, pues, es el legítimo presidente según las reglas establecidas, reglas que, además, son deseables en una democracia federal como la norteamericana.

La segunda razón que se esgrime para deslegitimizar a Bush es que su victoria fue decidida en última instancia por el tribunal supremo por cinco votos a cuatro: los jueces de izquierdas, dicen los críticos, votaron a favor de Gore y los de derechas a favor de Bush. Esta afirmación no es ni correcta ni afortunada. Me explico.

El pasado día 12, el tribunal supremo tomó dos decisiones importantes. La primera fue la de declarar inconstitucionales los recuentos manuales llevados a cabo en Florida. Esa decisión fue compartida por siete de los nueve jueces (no la compartieron una juez designada por Clinton en 1993 y un juez designado por el republicano Ford en 1975). ¿Por qué eran inconstitucionales los recuentos manuales? En Estados Unidos, el mismo día que se escoge presidente, se escogen senadores, congresistas, gobernadores, sheriffs, jueces de distrito y, además, se votan hasta diez referéndums sobre temas distintos. Para poder emitir todos esos votos, el votante recibe una papeleta en la que debe perforar las casillas correspondientes a sus preferencias. Unas máquinas ópticas se encargan luego de leer esas perforaciones. Las complicaciones empezaron cuando, al ver que había perdido el recuento mecánico inicial por 930 votos, Gore demandó un recuento manual, argumentando que muchas de las papeletas no habían sido leídas correctamente por las máquinas. Eso presentó dos problemas. Primero, Gore sólo pidió el recuento en los cuatro condados que le eran más favorables. Segundo, las perforaciones son muy pequeñas y el ojo humano los puede interpretar como imperfecciones de la papeleta. Y los que decidían si las papeletas constituían votos o imperfecciones eran los representantes locales quienes, casualmente, pertenecían al partido de Gore. Los diferentes condados recontaron miles de votos utilizando diferentes criterios (o incluso cambiando de criterio a mitad de recuento). Los republicanos denunciaron el trato desigual a los votos de diferentes ciudadanos, trato que se violaba el principio constitucional de igualdad ante la ley. El tribunal supremo les dio la razón con siete de los nueve votos a favor. Legitimidad total.

La segunda decisión importante tomada por el tribunal supremo fue la de no extender el periodo electoral para realizar recuentos adicionales de una manera más uniforme. La ley establece que los representantes debían estar elegidos el día 12 de diciembre, justamente el día en que el tribunal supremo hacía pública su sentencia. Al no aplazar esa fecha (cosa que hubiera sido contraria a la ley electoral existente), el tribunal supremo condenaba a Gore ya que no había tiempo para más recuentos. Esa sentencia tenía cinco votos a favor y cuatro en contra. A los dos que habían votado en contra en la primera decisión, se sumaron un juez nombrado por Clinton y otro nombrado por George Bush padre.

Uno podrá estar más o menos de acuerdo sobre si las decisiones tomadas fueron acertadas. Pero me parece muy temerario calificar las dos decisiones del tribunal supremo de partidistas o fraudulentas, cuando siete de los nueve jueces estaban de acuerdo en que la estrategia de recuentos manuales parciales y sin criterios uniformes era claramente injusto e inconstitucional y cuando dos de los cuatro que propusieron extender el recuento habían sido nombrados por presidentes republicanos. El poder judicial en una democracia es tan legítimo e importante como los poderes ejecutivo y legislativo, por lo que Bush tiene legitimidad total.

En uno de los mejores discursos pronunciados jamás en Estados Unidos, Al Gore aceptó la derrota con estilo, con mucha clase, sin mencionar ni una sola vez que él había tenido más votos populares y dejando absolutamente claro que el vencedor legítimo de las elecciones del 2000 era George W. Bush. Toda una lección de ética democrática por la que se le debe felicitar y de la que todos deberíamos aprender.

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