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17 November 2008

Resultados de la Reunión del G20: Lo que importa es el G1

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Primer draft sobre la reunion de refundacion del capitalismo. Es demasiado largo y necesita ser pulido. Lo posteo para que lo podais empezar a leer y comentar.

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Ya se ha acabado la cumbre de Washington que debía servir para refundar el capitalismo y parece que, de momento, lo único que se ha refundado es el ego de Sarkozy, que salió eufórico de la reunión, proclamando a los cuatro vientos el comienzo del siglo XXI. Sería interesante averiguar qué fumó exactamente ese señor después de la comida que le produjo ese curioso estado de éxtasis porqué la reunión no resultó ser ni tan exitosa ni importante como proclamaba.

Sí, es cierto que los líderes reunidos entendieron que la gravedad de la situación económica mundial no admitía los comunicados frívolos e inútiles que emiten tras la mayoría de sus reuniones y esta vez produjeron un documento con un poco de sustancia. Un documento que empieza con una declaración de confianza en la economía de libre mercado, en la globalización y apertura de fronteras al movimiento de mercancías y capitales y en un sistema financiero con una regulación que no impida el dinamismo y la innovación tan necesarias para el crecimiento y la reducción de pobreza. Una vez hecha esa declaración, el documento proclama que la crisis fue causada por errores de las entidades financieras en sus políticas de gestión de riesgo, en la complejidad y opacidad de los nuevos instrumentos financieros y en la mala gestión de políticos, reguladores y supervisores, que fueron incapaces de seguir el ritmo de la innovación financiera.

A partir de ahí, propone una mayor coordinación internacional en política macroeconómica (sobre todo fiscal), la reforma de instituciones internacionales como el Banco Mundial y el FMI, y se compromete a trabajar para conseguir mayor transparencia financiera, mejor regulación, mayor integridad en los mercados de capitales. Lo mejor del documento es la declaración final, donde los presidentes rechazan el proteccionismo que tanto contribuyó a que la crisis financiera del 1929 se convirtiera en una gran depresión económica y se comprometen a no subir las barreras arancelarias al menos en los próximos 12 meses.
Como documento de trabajo es bueno, pero tiene dos carencias importantes. La primera es que contiene muchos principios vagos y pocas propuestas concretas. Se habla de coordinación de política fiscal expansiva, aunque ni concreta si la política fiscal expansiva será en forma de reducción de impuestos o incremento del gasto público o a qué se va a dedicar dicho gasto. La vaguedad es problemática porqué cuando se concrete empezarán las peleas. Por ejemplo: ¿qué van a decir los japoneses cuando los Estados Unidos dediquen la “política fiscal” que recomienda el G20 a salvar a sus empresas de automoción, perjudicando directamente a sus competidores?

El documento menciona el rescate del sistema financiero pero no dice si se hará con compras de bonos tóxicos o compras de acciones de bancos. El plan de rescate aprobado inicialmente por el congreso norteamericano apostaba por comprar bonos tóxicos, aunque en los últimos días el gobierno de Bush parece preferir la compra de acciones de bancos. ¿Qué tipo de rescate propone el G20? No se sabe.
El escrito habla de mayor transparencia, de más estricta supervisión y de mejor regulación, pero no menciona explícitamente ninguna regla, ni ninguna ley, ni ningún concepto financiero que refleje qué regulación específica ha fallado ni qué cambios se deberían producir para solucionar el problema.

El G20 habla de reformar las instituciones financieras internacionales (Banco Mundial o Fondo Monetario Internacional) para dar más cabida a los países emergentes. Eso, en principio, es una buena idea ya que las IFIs deben ser como los bancos en el sentido de que quien manda debe ser quien aporta el capital (y no el cliente que recibe los préstamos). En 1947, el dinero de la cooperación era aportado mayoritariamente por Estados Unidos y Europa por lo que era lógico que Estados Unidos y Europa tuvieran representación mayoritaria en unos organismos que básicamente utilizaban su dinero para ayudar a los países pobres. Hoy en día, algunos países emergentes como China o los productores de petróleo aportan cada día más dinero al desarrollo, por lo que es lógico que tengan más peso en la toma de decisiones. El problema es que no queda claro a costa de quién esos países emergentes van a adquirir un poder superior. Yo veo muy contentos a españoles, franceses y otros europeos, pero tengo la impresión que la nueva arquitectura financiera internacional va a reflejar el hecho de que el centro económico del mundo ya no está en el Atlántico (a medio camino entre Estados Unidos y Europa) sino en el Pacífico (entre Estados Unidos y Asia).

El segundo gran problema del documento es que parece estar escrito con el objetivo de dejar a todo el mundo contento. Los neo-intervencionistas pueden decir que han conseguido que el documento hable de regulación y supervisión del sistema financiero, mientras que los anti-intervencionistas han conseguido que el documento hable de que la nueva regulación no impida la innovación.

Los neo-intervencionistas han conseguido decir que se necesita más coordinación fiscal. Los anti-intervencionistas, por su parte, celebrarán las alabanzas al libre mercado y a la globalización o las promesas de no subir aranceles en los próximos meses.
Los neo-intervencionistas han conseguido que se acuse a las empresas financieras de ser parcialmente responsables de la actual situación mientras que los anti-intervencionistas han logrado que parte de la culpa se la lleven los estados, las entidades reguladoras y la política macroeconómica (en alusión a la política de bajos tipos de interés llevada a cabo por Greenspan en el 2001).

Resumiendo, se ha producido un documento de consenso político (y ya saben que el consenso es el enemigo número uno de la verdad científica), con muy poca concreción que pospone todas las decisiones importantes hasta la siguiente reunión del 30 de Abril. Es como si, además de no querer mojarse demasiado y no querer levantar ampollas, los multilateralistas europeos y refundadores de capitalismos estuvieran esperando que llegue Barack Obama para empezar su programa de salvación planetaria. A todos ellos, déjenme que les comunique que ni el nuevo presidente ni el congreso de los Estados Unidos contemplan nada que pueda parecer una mínima cesión de soberanía económica a ninguna institución internacional, ya sea el Banco Mundial, el FMI, el G7, el G8, o el G20. Por más ganas que tenga Sarkozy de cortar la cinta que inaugura oficialmente el Siglo XXI, la única institución internacional que realmente importa en Estados Unidos se llama G1.

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INTRODUCTORY NOTE

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