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02 January 2013

Volver a Empezar: el fracaso de la dieta de Enero

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Empieza un año nuevo y, una vez más, los propietarios de gimnasios de todo el planeta se frotan las manos: el dia uno de enero es el día en que millones de ciudadanos se prometen a sí mismos que, esta vez sí, van a adelgazar. Y no se frotan las manos porque esa resolución masiva conlleve que mucha gente se inscriba en sus locales sino porque saben que la inmensa mayoría de ellos ¡va a dejar de asistir en menos de quince días! Es decir, una gran cantidad de ilusos van a pagar cuotas de socio sin que sus cuerpos sudorosos congestionen los gimnasios. ¡Toda una ganga para el propietario!

Analicemos el fenómeno. En el mundo hay tres grupos de personas. El primero lo forman los obesos. Un ejército de gordos, glotones sedentarios que consumen dietas hipercalóricas y cuyo pánico a cualquier forma de ejercicio físico deforma sus siluetas con infinidad de capas de grasa. A pesar de tener cuerpos fofos y redondeados, los miembros de este grupo muestran una total despreocupación por la propia salud y no hacen ningún esfuerzo por cambiar sus hábitos alimentarios o de rutina diaria. Este grupo vive lo más lejos que puede, física y mentalmente, del gimnasio tradicional.

El segundo grupo, obsesionado por el culto al físico, se ha convertido a una especie de religión moderna que adora los cuerpos fibrosos, resistentes y sin grasa. Cuerpos capaces de muscularse, bajar montañas o correr maratones, triatlones o ironmanes. El gimnasio es el templo donde practican sus rituales de penitencia y auto-mortificación, castigando sus articulaciones, músculos y tendones hasta el límite del dolor. Algunos practican esas liturgias individualmente y en la soledad. Otros, la mayoría, lo hacen en grupo bajo la guía de unos sacerdotes llamados instructores. Las ceremonias de flagelación en grupo son variadas, pero casi siempre acaban con los fieles alcanzando el éxtasis colectivo bien sea bailando al unísono o pedaleando sincronizadamente a un ritmo frenético sobre unas bicicletas que no van a ninguna parte (un fenómeno al que llaman “spinning”). Y todo eso bajo una música estruendosa que contribuye al frenesí expulsando a los malos espíritus del cuerpo. Uno de los enigmas de este culto es que muchos hombres se convierten en feligreses o bien cuando cumplen aproximadamente cuarenta años o bien cuando se divorcian y se ven obligados a acudir al mercado secundario de parejas (mercado de segunda mano). Es como si intentaran utilizar la religión para demostrar al mundo, a las potenciales compañeras y a ellos mismos que todavía pueden alcanzar las metas físico-deportivas que no lograron en su juventud(*). Es lo que tienen los misterios de la fe.

Entre los obesos y los obsesos (y fijaos que solo los separa una "s"), existe un tercer colectivo en el que nos encontramos la mayoría de los humanos: los que tenemos tendencia a ganar sobrepeso y queremos hacer algo para evitarlo. Ahí estamos la mayoría porqué la evolución Darwiniana preparó a nuestros cuerpos para vivir en un mundo de escasez donde el alimento se conseguía con gran coste calórico en forma de ejercicio físico (caza y recolección). Nuestro sistema económico actual genera cantidades ingentes de comida sin que tengamos que hacer ejercicio para conseguirla. El resultado es la tendencia al sobrepeso y la obesidad. A diferencia de los obesos compulsivos del primer grupo, los miembros de este tercer colectivo no estamos contentos con esa tendencia a engordar por lo que intentamos luchar contra ella. Algunos, los elegidos, lo consiguen: levan una vida sana, comen una dieta equilibrada y ejercitan su cuerpo regularmente y con moderación. ¡Y si! Muchos lo hacen en el gimnasio pero sin la obsesión compulsiva de los miembros del grupo dos.

A pesar de que hay muchos que lo consiguen, hoy quiero reflexionar sobre los que en algún momento piensan que quieren adelgazar pero no pueden, porqué esos son los que cada mes de enero se apuntan al gimnasio y dejan de ir a mitad de mes. ¿Por qué es tan difícil para muchos mantener la promesa de hacer ejercicio regular? Aquí voy a volver a hacer referencia a los economistas de la conducta como Dan Ariely (pero no por su último libro que mencioné cuando hablé de la evasión fiscal sino por su primer libro llamado “predictibly irrational”). Ariely divide el cerebro económico de los humanos en dos: el primero es el cerebro de-largo-plazo. Es el “racional”. El que toma las decisiones pensando en los costes y los beneficios de largo plazo y decide que, una vez puesto todo en la balanza, lo mejor para nosotros es adelgazarnos. Es el que el día uno de enero nos apunta al gimnasio. Es el que ve el ejercicio diario no como una tortura sino como algo que nos conviene.

El otro cerebro es el de corto plazo. El que toma las decisiones minuto a minuto. El que cae en la tentación de hacer el aperitivo cuando habíamos quedado en no comer tanto, el que encuentra excusas para retrasar el viaje al gimnasio hasta que “ya se ha hecho demasiado tarde por lo que ya iré mañana”, el que prefiere el placer de ir al cine en lugar de ir a correr por la montaña.

Pues bien, en la vida tenemos momentos de lucidez mental en la que nuestro yo racional de largo plazo toma el mando de nuestras vidas y decide los objetivos. Uno de esos momentos de lucidez es el primero de enero ya que, al empezar un año nuevo, todos queremos pasamos página y analizamos racionalmente lo que querríamos que fuera nuestro futuro. El problema es que el yo-del-largo plazo no tiene en cuenta que quien va a tener que ir al gimnasio es el yo-de-corto-plazo, un yo que va a ser tentado cada día con excusas para no pagar el coste de ir al gimnasio. Y para la mayoría de nosotros, el cerebro del corto plazo acaba sucumbiendo a la tentación. Es la lucha perenne entre Doctor Jekyll y Mister Hyde, dos psicologías contrapuestas que forman parte de una misma persona.

¿Por qué nos es tan fácil caer en la tentación y dejamos de hacer lo que claramente es bueno para nosotros? Para analizar la respuesta hablo com una triatleta de élite (y por lo tanto, visitante cuasi-diaria de gimnasios) y, a la vez, una de las mejores nutricionistas deportivas del momento: Silvia Tremoleda (@silviatremoleda). Además de ser MI dietista, Silvia ha sido la nutricionista del Barça de fútbol y de Basket y es triatleta de élite. Su blog ( http://www.silviatremoleda.com) contiene consejos sobre dieta y deporte.

Cuando le pregunto por qué la gente abandona su resolución de año nuevo con tanta facilidad, Silvia me da cinco explicaciones. Primera, la gente que quiere perder peso lo hace mal y por lo tanto, no ve resultados inmediatos y es esa falta de resultados la que los lleva a abandonar. Silvia va más allà e identifica la razón por la que la gente lo hace mal: intenta perder peso solamente con el gimnasio o solamente haciendo dieta. El problema es que para perder peso hay que combinar ambas cosas: ejercicio y una buena dieta. Los que solo van al gimnasio tienden a pensar que, al haber gastado calorías con el ejercicio, ya tienen licencia para comer. Y cuando lo hacen, engordan. Los que hacen dieta sin ejercicio, no queman las calorías del ejercicio por lo que se ven obligados a hacer mayores sacrificios en la dieta (pasar hambre, comer lo que no nos gusta) hasta el punto que el sacrificio no compensa y uno acaba abandonando. A eso hay que sumar que mucha gente sigue dietas equivocadas o incluso peligrosas (no desayunar, no cenar, no comer carbohidratos, solo comer carbohidratos, comer batidos de proteínas...). Pero para que una dieta funcione, pues, es necesario complementarla con ejercicio ya que el ejercicio reduce el sacrificio que uno debe hacer a la hora de comer (el ejercicio aeróbico quema calorías y el aumento de masa muscular ayuda a consumir más calorías en el futuro y, por lo tanto, a perder grasa). Eso también es cierto al revés: para que el ejercicio físico tenga resultado sobre el peso es necesario complementarlo con una dieta correcta por la misma razón: al complementarse se reduce el coste psicológico de ambas.

Segunda, la gente tiende a hacer ejercicios aburridos. Ir a menudo al gimnasio a sufrir una tortura mental o física está al alcance de muy pocos masoquistas. Y como a la mayoría de nosotros no nos gusta sufrir, en seguida encontramos excusas para dejar de ir al gimnasio. Aquí puedo hablar de mi propia experiencia: cuando intento hacer bicicleta estática no puedo aguantar ni veinte minutos. Ahora bien, si voy en bicicleta por New York, donde el paisaje, la gente, los edificios y las sensaciones son fascinantes y me distraen, puedo durar hasta cinco horas. Y si intento correr o caminar en la cinta del gimnasio, no consigo hacerlo durante más de un cuarto de hora. Pero si en lugar de correr en la cinta corro Central Park o subo al Matagalls mi cuerpo puede aguantar horas. La diferencia está en la mente: en un caso hago ejercicio con diversión y en el otro el ejercicio es tan aburrido que la mente se agota antes que el cuerpo.

Tercera, a los que abandonan les faltan “mecanismos de compromiso” (“commitment devices” en inglés). Antes de ir al gimnasio todos estamos haciendo algo que nos distrae: escribiendo emails, twiteando, facebookeando, mirando la tele o acabando algún tipo de tareas. En un momento dado, nuestro cerebro de corto plazo evalúa los costes y los beneficios de levantarse e ir al gimnasio. A menudo, la actividad que estamos haciendo nos sirve de excusa para no ir y, por poco que podamos, no vamos a ir si no hay algo que nos obliga. Un mecanismo de compromiso es haber quedado con alguien para ejercitar juntos ya sea un amigo o un entrenador personal. De hecho, a menudo los entrenadores personales se quejan del hecho de que cuando le preguntan a sus clientes por qué quieren un entrenador, les dicen “es que si no, no iré al gimnasio”. Los clientes no quieren al entrenador por su experiencia o sabios consejos sino porqué el hecho de haber quedado con el les impide echarse atrás en el último momento.

Cuarta, la gente no tiene objetivos claros y factibles. Según Silvia, es mucho más fácil ir al gimnasio si uno tiene claro qué quiere conseguir. La gente que tiene más disciplina a la hora de entrenar es la que se ha apuntado a algún tipo de carrera  popular como la del Corte Inglés o la maratón de New York. La gente que no quiere correr maratones también debe marcarse objetivos factibles llegar a correr 2 kilómetros, o 10 kilómetros, o 42 kilómetros. Poder nadar durante media hora o una hora o dos horas.

Y finalmente, los que abandonan el ejercicio lo hacen por falta de rutina. Me comenta Silvia que su experiencia es que mucha gente “se deja ir” después de perder la rutina: después de un embarazo, después de un viaje, después de vacaciones... Para conseguir resultados es importante reservar tiempo cada dos o tres días para el ejercicio y no saltárselo para nada ya que la clave del éxito es la rutina.

Resumiendo, los gimnasios de todo el mundo están de enhorabuena porque de nuevo ha llegado enero, el mes en que millones de ciudadanos decidimos apuntarnos a cambiar de vida una decisión racional de largo plazo que será debidamente tentada por nuestro yo de corto plazo. Si queremos evitar el fracaso, debemos combinar ejercicio y dieta, practicar deportes divertidos y que nos gusten, intentar hacerlo con amigos o entrenadores personales que nos obliguen a ir cuando la tentación de Doctor Jekyll llama a la puerta, ponernos objetivos claros y asumibles y, finalmente, incorporar el ejercicio no como una excepción sino como parte de la rutina. Si hacemos las cosas bien, conseguiremos manteneros en forma dentro de un cuerpo sano y sin sobrepeso. Si no, abandonaremos el gimnasio en menos de quince días y dentro de un año será cuestión de volver a empezar.

 

 

 

 

(*) La secta más radical de esa religión es bastante peculiar. Se llaman a sí mismos “culturistas” y son un grupo de fanáticos obsesionados por hinchar con la autoflagelación diaria cada uno de sus músculos de su cuerpo. Sus ídolos parecen muñecas inflables que se mueven con dificultad debido a su exagerada musculación. Digo que son peculiares porque su obsesión por engrandecer cada una de las partes de su cuerpo les hace olvidar que hay ciertas partes que no aumentan su tamaño con el ejercicio por lo que, en términos proporcionales, caza vez se ven más pequeñas!


 

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INTRODUCTORY NOTE

Starting January 30, 2012, I decided to put the random (economic) thoughts that I was posting on Facebook, in a blog. In this site you will be able to read all Facebook notes going back to 2008, (without my Friend’s comments, unfortunately), but we will only maintain the new thoughts. If you want to check out the old comments, they are still posted on Facebook. If you want to comment on them, you have two options (1) Become a Facebook Subscriber. Since all the posts will also appear in Facebook, you will be able to comment there. (2) Comment on Twitter, as each post will also be announced in Twitter.

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