HOMEBLOGS1er Articulo escrito por "Amics del Facebook": Y después de la crisis, ¿qué?
30 March 2009

1er Articulo escrito por "Amics del Facebook": Y después de la crisis, ¿qué?

Written by  Amics del Facebook

Companys, Vicenç Aparicio ha escrito el primer draft del articulo conjunto que publicaremos en La Vanguardia, fruto de las discusiones durante la calçotada (yo he anyadido algunos retoques). Necesitamos vuestras aportaciones para re-escribir una version mas definitiva.

Ademas de aportaciones de contenido economico, necesitamos recortar casi la mitad del texto (ahora tiene 9.900 caracteres y debe pasar a tener 5500). El procedimiento de elaboracion sera el siguiente: dejaremos colgado el articulo un par de dias, durante los cuales podreis comentar el articulo (por favor, haced los comentarios A PIE DE ESTA NOTA Y NO EN EL MURO PORQUE EN EL MURO SE PIERDEN EN SEGUIDA). Despues yo mismo hare una nueva version reducida que incorpore el mayor numero de comentarios (intentando que el articulo no tenga incoherencia interna, dado que supongo que algunos de los comentarios seran contradictorios). Volvere a colgar la nueva version para comentarios finales.

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Y después de la crisis, ¿qué?


Los gobiernos de todo el mundo están llevando a cabo políticas para sacar a sus economías de la crisis económico-financiera. Da la impresión, sin embargo, que la mayoría se está dejando llevar por un cortoplacismo miope de corte Keynesiano (lo único que debe hacer el gobierno es gastar) que puede hacer peligrar el futuro a medio y largo plazo.

Un caso muy significativo lo tenemos en España. En el año 2005, en plena vorágine inmobiliaria, la construcción y las actividades inmobiliarias representaban un 18,40% del PIB y suponían un 13% de los puestos de trabajo. Desde el año 2000, España sustentó gran parte de su crecimiento económico en el sector inmobiliario. Se invertía en vivienda con expectativas de subidas continuas del precio, y hasta que los precios de la vivienda seguían subiendo, las constructoras y promotoras inmobiliarias podían seguir enladrillando el solar, y las familias pagar sus créditos hipotecarios; la construcción y la espiral de la burbuja tiraban del crecimiento del país, y este es uno de los motivos por el que esta crisis, que, nos dicen, viene de Estados Unidos, ha golpeado con especial violencia la economía española, que estaba sobreexpuesta a uno de los sector más afectados. Una vez acabada la fiesta de la construcción: ¿Qué queda?

Lo primero que hay que hacer es concienciarse de que, para España, no hay vuelta atrás. Antes del vertiginoso crecimiento de los últimos años, España era un país relativamente pobre que vivía de explotar su mano de obra barata (textil barato, turismo barato, zapatos baratos,…). Los ciudadanos españoles no van a aceptar volver a una situación de salarios bajos y cuanto antes se acepte esa idea, más rápidamente se van a hacer los deberes. Y si las reducciones salariales no son aceptables, la única alternativa es que los trabajadores produzcan más a cambio del mismo salario. Es decir, la sociedad española debería tener como objetivo prioritario aumentar la productividad. ¿Cómo? Pues no es fácil porque muchos son los cuellos de botella que hacen que la economía española sea depresivamente improductiva.

Cuando uno no puede producir cosas “más baratas que los demás”, uno debe producir cosas “distintas”, cosas “nuevas”. Es decir, uno tiene que innovar. Todo el mundo lo sabe. De hecho, todo el mundo habla de apostar por la innovación. El problema es que los líderes políticos parecen confundir innovación con I+D ya que proponen aumentar el gasto público en innovación. Lógicamente, el I+D es importante pero, paradójicamente, muchos de los principales éxitos empresariales no salen ni de las universidades, ni de los centros de investigación; la innovación que reporta crecimiento económico es aquella que se realiza dentro de las empresas y por la iniciativa privada. Por mucho que pueda enriquecer nuestro nivel cultural, un proyecto de investigación sobre el románico catalán no se traducirá en un mayor crecimiento económico futuro. No nos obcequemos con gastar dinero de los impuestos en proyectos de investigación heterogéneos; no hay mejor investigación que la que hicieron los fundadores de Microsoft en el garaje de su casa. Innovación no equivale, por tanto, a iniciativa pública, sino a espíritu emprendedor, y éste está reñido con un mercado rígido y regulado; el inmovilismo no facilita la iniciativa privada.

La innovación, pues, requiere que la ciudadanía esté capacitada para tener ideas. Para ello se necesita un sistema educativo que fomente el espíritu crítico, la creatividad los valores del trabajo y del esfuerzo en nuestra juventud. No podemos darnos por satisfechos con garantizar la suficiencia, a lo que parecen ir destinadas las sucesivas y abundantes reformas educativas, sino que nuestro objetivo debe ser lograr la excelencia. Ningún país puede permitirse renunciar a todo el potencial de sus generaciones jóvenes; ni todos los estudiantes presentan las mismas dificultades, ni todos tenemos las mismas capacidades, por lo que, del mismo modo que debe prestarse especial atención a quien presenta mayores dificultades, deben estimularse las habilidades de los estudiantes más brillantes. El estudiante, tanto en la escuela, como en el instituto y en la universidad debe comprender e interiorizar que a lo largo de su vida será evaluado de formas muy distintas, y sus capacidades de comprensión y esfuerzo le serán determinantes en el futuro. Un modelo educativo que ignora era realidad, y rehúye del estudio, vive en la utopía, y flaco favor le hace al estudiante en su desempeño profesional posterior. Respecto la universidad, el mejor remedio para la incompetencia es la competencia, lo cual es válido para estudiantes, profesores y gestores. Las universidades deben competir entre sí para capturar los mejores estudiantes, profesores, y recursos, y el estudiante debe interiorizar parte del esfuerzo económico que la sociedad está realizando con su formación, al mismo tiempo que compensar con becas a aquellos estudiantes que, por sus méritos académicos, así lo merezcan. Asumir parte del coste del sistema universitario es esencial para captar su valor. En ningún sitio como en la universidad debe ser uno más exigente con el esfuerzo y capacidades de alumnos y profesores.

La escuela y la universidad deben ser rediseñadas pensando en que son los motores del crecimiento de un país y no el sitio donde los lobbies de profesores tienen sus puestos de trabajo.

Las ideas de los emprendedores necesitan ser implementadas. Para ello es importante tener un sector financiero que invierta en proyectos empresariales con riesgo. A menudo se ve como un gran logro de nuestro sistema financiero su seguridad, pero ¿cuantas oportunidades de negocio no se han perdido por no asumir riesgo en la concesión de créditos para el desarrollo de actividades empresariales? Junto con la banca tradicional, regulada y supervisada, debe existir otra banca comercial que invierta en iniciativas más arriesgadas, no sujeta a regulación ni supervisión, pero tampoco garantizadas las inversiones de sus clientes, y esa banca, hoy por hoy, no existe en España.

El espíritu emprendedor está también reñido con la subvención, la ayuda pública y las constantes trabas administrativas. No nos engañemos, cuando las empresas de un sector están año tras año solicitando ayudas públicas bajo amenaza de deslocalizarse, son empresas poco productivas, que más tarde o más temprano deberán cerrar, y en el interín habrán desaparecido varios millones de los contribuyentes en forma de subvenciones. La subvención pública distorsiona también la libre competencia, al permitir la continuación de negocios sin perspectivas de futuro y, lo que es más grave, impedir la entrada de nuevos competidores que, tal vez, podrían ser más eficientes. Por último, la subvención genera dependencias. Un breve ejemplo; a comienzos de los 80 existía la creencia que una financiación basada en la solidaridad ayudaría a aquellas regiones menos desarrolladas a generar riqueza, por lo que habría un momento en el cual aquéllas se harían innecesarias. Bien, llegado el año 2009 el gasto en solidaridad se mantiene… ¡y ahí de quien pretenda revisarlo!

Otro de los factores importante y determinante para el crecimiento futuro es la flexibilidad laboral. La inflexibilidad del mercado laboral español es comparable a las economías subdesarrolladas. Los elevados costes de despido no sólo dificultan la creación de empleo, sino que también suponen una importante traba a la movilidad. Para un trabajador de 40-45 años puede llegar a ser una opción racionalmente válida renunciar a un mayor salario en otra empresa distinta para conservar la antigüedad, de gran importancia práctica a efectos indemnizatorios. La regulación laboral y la perversa tendencia al «pacto social» con unos sindicatos que, más allá de sus pocos afiliados, son tan poco representativos que subsisten merced de la caridad del contribuyente (otro ejemplo de iniciativa ineficiente sólo mantenida a costa de subsidios) son una traba para la creación de empleo. La flexibilidad del mercado laboral debe ser una prioridad, lo que no es incompatible, dicho sea de paso, con la protección social de los desempleados, sujeta a planes eficaces de formación y reciclaje profesional.

Y lo dicho sirve también, y muy especialmente, para el mercado laboral más rígido y menos eficiente: el empleo público, de lo cual parecen ser bien conscientes las propias administraciones públicas cuando, año tras año, vienen a aumentar el número de interinos y contratados en régimen laboral en detrimento del personal estatutario. El empleo público debe enfocarse con criterios empresariales, tanto incentivando el mérito y la capacidad con los oportunos mecanismos de mejora salarial y promoción, como penalizando la incompetencia con el despido.


Generar riqueza, y ser competitivo exige importantes reformas y asumir un gran desgaste político y social. Las acciones públicas generan grupos de interés de muy variada índole, pero con un denominador común: mantener sus privilegios. Las reformas económicas necesarias para emprender una nueva senda de crecimiento exigen liderazgo político; poner por delante los intereses del país al tactismo cortoplacista. Las profundas reformas económicas que España necesita para ser competitiva en el siglo XXI requieren una revolución mental. Un cambio en la manera de pensar que no es posible sin la complicidad y el liderazgo de la clase política pero tampoco es posible sin la colaboración de empresarios, trabajadores, autónomos, educadores, padres de familia, estudiantes, medios de comunicación, bancos, y demás instituciones públicas y privadas. El futuro económico de España sólo será brillante si el emprendedor deja de ser un animal en peligro de extinción dentro de la variada fauna ibérica. La pregunta es: ¿está la sociedad española preparada para asumir el reto?

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INTRODUCTORY NOTE

Starting January 30, 2012, I decided to put the random (economic) thoughts that I was posting on Facebook, in a blog. In this site you will be able to read all Facebook notes going back to 2008, (without my Friend’s comments, unfortunately), but we will only maintain the new thoughts. If you want to check out the old comments, they are still posted on Facebook. If you want to comment on them, you have two options (1) Become a Facebook Subscriber. Since all the posts will also appear in Facebook, you will be able to comment there. (2) Comment on Twitter, as each post will also be announced in Twitter.

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